Se trata de un "escudo" que lleva forma de torso femenino vestido de tutú hecho con papel crepé o papel de seda y herido en tres puntos de su anatomía por donde se escapa la vida femenina desangrándose en largos hilos rojos vertidos desde unas grandes flores rojas.
Mes a mes se instala en el parque un nuevo escudo que es dejado a la intemperie atado en lo alto de un árbol, pero en la mayoría de los casos no son la intemperie ni las condiciones climáticas o de tiempo quienes destruyen el escudo, sino vandálicas manos humanas que con exacerbada violencia se ensañan con la obra (al igual que con las mujeres) llegando incluso a prenderle fuego.
Se va convirtiendo entonces, en pretexto para analizar el comportamiento de los ciudadanos frente al arte en espacios públicos.
Fotografía: Cortesía Andrés Arango.

